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16 febrero 2027

Obras son amores y no buenas razones

16 de febrero de 1932
Obras son amores y no buenas razones

Pedro Rodríguez

Edición crítica de Camino

933* Cuentan de un alma que, al decir al Señor en la oración «Jesús, te amo», oyó esta respuesta del cielo: «Obras son amores y no buenas razones».

Piensa si acaso tú no mereces también ese cariñoso reproche.


Texto escrito sobre una octavilla de la serie Ah, por tanto redactado después de 20-XII-1938. La redacción de la «gaitica» pudo venir sugerida por el reencuentro con este apunte:

«Manifestaciones del Amor de Dios: -Obras son amores (referir el hecho) […] Afectos ¡Amor con amor se paga! Reparación, celo, perfección en las cosas pequeñas. -Teresa (las dos) y las misiones. -Pensar que conmigo se repite aquella escena (obras son amores...) y que oigo el cariñoso reproche...».

«Referir el hecho», anotó en el guion. Lo contaba, sin aludir, claro está, a su persona. Aconteció el 16 de febrero de 1932 en la iglesia del Real Patronato de Santa Isabel. Él mismo lo había dejado escrito en la página 50 de su Cuaderno V (1932), que dice así:

«[…] Yo me venía dando cuenta de esto y de que daba largas a ciertos propósitos de emplear mayor interés y tiempo en las prácticas de piedad, pero me tranquilizaba con el pensamiento: más adelante, cuando estés fuerte, cuando se arregle mejor la situación económica de los tuyos... ¡entonces! -Y hoy, después de dar la sagrada Comunión a las monjas, antes de la santa Misa, le dije a Jesús lo que tantas y tantas veces le digo de día y de noche: «Te amo» [Nota a pie: «dije 'te amo más que éstas'»]. Inmediatamente, entendí sin palabras: «obras son amores y no buenas razones». Al momento vi con claridad lo poco generoso que soy, viniendo a mi memoria muchos detalles, insospechados, a los que no daba importancia, que me hicieron comprender con mucho relieve esa falta de generosidad mía. ¡Oh, Jesús! Ayúdame, para que tu borrico sea ampliamente generoso. ¡Obras, obras! Seguiré diciéndote muchas veces que te amo -¡cuántas te lo he dicho hoy!- pero, con tu gracia, será mi conducta, serán las pequeñeces de cada día, con elocuencia muda, las que clamen delante de ti, mostrándote mi Amor».

Esta locución sobrenatural quedó grabada para siempre en su alma y lo irá dejando anotado en su Cuaderno:

«Dios mío: ¡cuánto me duele aquel 'obras son amores y no buenas razones'!».

«Dios mío, ¡cómo me duele aquel grito tuyo: 'obras son amores y no buenas razones'! Sin embargo, ¡qué vida de tibieza, la mía! ¡qué miserable soy! ¿Hasta cuándo, Jesús, hasta cuándo! ¡Madre mía, Virgen de los besos, San José -mi Padre y Señor-, Ángel Custodio, Madre Teresa!: mirad a este pobre pecador, y ayudadle... ¡que yo cumpla la Voluntad de Dios! -Esa frase, oída al dar la Sda. Comunión a las monjas de Sta. Isabel, en la ventanilla-comulgatorio, debe ser para mí una espuela -¡pobre borrico!- y no lo es: si lo fuera, ¿tendría yo nunca esta intranquilidad tonta de hoy?».

Tenemos un testimonio emocionante de este lance sobrenatural. El actual Prelado del Opus Dei, Mons. Echevarría, que acompañaba al Beato Josemaría en la visita que hizo en 1972 a la iglesia del Real Patronato de Santa Isabel, escribe:

«Con emoción indescriptible me dijo, mientras señalaba la reja del lado izquierdo del presbiterio: 'allí fue -y paladeó cada palabra- lo de obras son amores y no buenas razones'».

Este punto debe ser puesto en estrecha relación con el p/242. Vid com.

La locución sobrenatural se servía de un refrán de la lengua castellana, tan célebre que dio título a una comedia de Lope de Vega: Obras son amores.