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6 enero 2027

Viajes apostólicos bien organizados

6 de enero de 1949
Viajes apostólicos bien organizados

Vázquez de Prada

El Fundador del Opus Dei

Por Año Nuevo 1949 estaba ya de regreso en Roma; y el día 6 de enero, diciendo misa en el pequeño oratorio del Pensionato a sus hijos de Italia, antes de la comunión, les habló de la necesidad de una entrega completa y de las visitas apostólicas a otras ciudades italianas. Esa misma mañana, fiesta de la Epifanía, como para mostrar que tal sugerencia no eran palabras huecas, se reunió el Padre con algunos de sus hijos —don Álvaro, Salvador Canals, Francesco Angelicchio y Luigi Tirelli— para tratar el asunto. Tomó luego una hoja de papel y la encabezó así:

1. Visión sobrenatural: a/ todo el mundo: más oración, alguna mortificación especial. b/ la Madonna: imágenes de la Virgen. c/ cumplir el guion acostumbrado.

(Era una llamada de atención para que no olvidaran, antes de emprender el viaje, en qué terreno se movían, qué fines perseguían y los medios apropiados). A continuación, venían algunas indicaciones sobre el plan apostólico de esos viajes: visita al Sr. Obispo, conversaciones con jóvenes y sacerdotes, notas que era preciso redactar después de cada viaje, organización de una lista de personas con las que se tenía relación o amistad, cartas a los amigos y, finalmente, el presupuesto económico.

Escribieron y hablaron con sus amigos para obtener direcciones de gente conocida; y enseguida fueron recorriendo las ciudades universitarias de Italia. La primera visita fue a Bari, el domingo 13 de febrero de 1949. El domingo siguiente don Álvaro, acompañado de los que iban a Milán y a Turín, inauguraba el Norte. Y el domingo, 27 de febrero, don Álvaro, junto con Salvador Canals y Luigi Tirelli, visitó Palermo y Catania. Así, en grupos de dos o tres, semanal o quincenalmente, ampliaban, poco a poco, su círculo de amistades en Bari, Nápoles, Milán, Turín, Bolonia, Padua, Pisa, Génova, Palermo y Catania.

El 11 de febrero, antes de que comenzasen esos viajes, don Josemaría había tenido que ir a España y no regresó a Roma hasta el 23 de abril. Para entonces, habían hecho ya cinco o seis viajes a muchas de esas ciudades. El Padre recibía noticias de esos viajes apostólicos por toda Italia, y acompañaba a sus hijos desde Madrid, no sólo imaginativa y sentimentalmente sino con su esfuerzo y oraciones. En las tertulias de Diego de León contaba a los alumnos del Centro de Estudios proyectos y anécdotas del apostolado periférico en Italia. Desde Roma, como años antes habían hecho desde Madrid, los sábados por la tarde cogían los trenes a Génova, Bari, Palermo o Bolonia; y los domingos charlaban con los amigos o daban una clase de formación, para tomar de regreso los trenes de la noche.

A la vuelta de dos años de vivir en el Pensionato, el Fundador, haciendo cálculos, vio que necesitaba no ya un edificio, para Sede Central del Opus Dei en Roma, sino una larga lista de Centros. A saber: las sedes del Consejo y de la Asesoría, el Colegio Romano, dos Centros de Estudios en Italia, una Casa de Retiros en Castelgandolfo y cuatro Centros estratégicamente distribuidos por la península para atender a las ciudades vecinas adonde iban los fines de semana.

La Obra marchaba al paso de Dios, y este paso era rápido. Para no perderlo, el Padre hacía una recomendación a don Álvaro: pensar despacio y obrar pronto.