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28 enero 2027

Espíritu laical del Opus Dei

28 de enero de 1966
Espíritu laical del Opus Dei

Pilar Urbano

El hombre de Villa Tevere

La comprensión cabal de que los del Opus Dei no son frailes, ni monjas, ni personas consagradas, sino cristianos corrientes, gente como toda la gente, the ordinary people, tarda en abrirse paso. Hay un suceso muy poco conocido que, además de ilustrar sobre las buenas relaciones que llegaron a tener Monseñor Escrivá y el Padre Arrupe, general de la Compañía de Jesús, muestra hasta que punto a algunos religiosos les era difícil entender la secularidad, el carácter laico, quintaesencial en los miembros de la Obra.

El hecho ocurre el 28 de enero de 1966. El Padre Arrupe ha estado ya dos veces en Villa Tevere y Monseñor Escrivá vuelve a Borgo Santo Spírito, la curia generalicia de los jesuitas, también por segunda vez. Este cruce de visitas, con almuerzo y sobremesa, se prolongará durante mucho tiempo.

Los comensales son, acompañando a Arrupe, los Padres Blajot, Iparaguirre; y con Escrivá, Del Portillo y Echevarría.

En cierto momento, Arrupe, como si colocara una bomba encima de la mesa, propone a Escrivá:

-Monseñor, yo pienso que podríamos organizar una obra apostólica conjunta, entre los jesuitas y el Opus Dei.

En el pequeño comedor se produce un repentino silencio, de intensa sorpresa. Se diría que, casi cuarenta años de incomprensiones, de celotipias, de susurraciones, de maniobras en la sombra, cuyos autores eran siempre unos pocos pero muy activos jesuitas, atravesados de animadversión hacia el Opus Dei, se diluían ahora, en un abrir y cerrar de ojos, como un azucarillo en un lago de agua.

Arrupe mira al fundador del Opus Dei, esperando una respuesta. Escrivá le sonríe. Después se pone serio. Empieza a hablar despacio, muy despacio. Se nota que no es para pensar lo que tiene que decir, sino para hacerse entender mejor.

-Padre Arrupe, le agradezco mucho la sugerencia, pero es imposible. Imposible, porque es pretender que colaboren dos instituciones absolutamente heterogéneas. Ustedes tienen que vivir unas normas y una disciplina que para nada se adecuan a la vida de los miembros del Opus Dei. Si promoviésemos esa iniciativa, lo más probable es que se causase daño a una y a otra institución, porque una y otra verían desvirtuado su espíritu: por parte del Opus Dei, al tener que acomodarse al modo de los religiosos, cosa que nos es del todo extraña; o bien ustedes, al tener que adaptarse al modo secular de unas personas que, sin ser mundanas, trabajan y están en el mundo, se ocupan de las cuestiones temporales... cosas a las que ustedes han renunciado, y tienen prohibición de acceder.

Pienso que podemos trabajar en servicio de la Iglesia muy unidos... por la Comunión de los Santos.

En este punto, Escrivá concentra su mirada profunda en los ojos de Arrupe y, con tono vigoroso pero entrañable, le ofrece "mucha ayuda", suya y de todos los miembros de la Obra, que "rezarán y se mortificarán ¡siempre! por la Compañía de Jesús". Luego concluye su respuesta con un símil tomado de la vida normal y corriente:

-Me parece que usted puede entenderlo perfectamente, si le digo que somos como dos hermanos que tienen profesiones distintas: uno es médico, y el otro es abogado. Para ejercer el trabajo de cada uno, no pueden montar un despacho común, porque nada tiene que ver una actuación profesional con la otra.