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16 enero 2027

Penitencia

16 de enero de 1938
Penitencia

Vázquez de Prada

El Fundador del Opus Dei

Para sus penitencias le era preciso al sacerdote un mínimo de independencia y libertad de movimientos. Tengo ganas de tener una habitación para mí sólo —reflexiona en sus Apuntes—: no es posible hacer, si no, la vida que Dios me pide. Esa vida consistía en dormir en el suelo, y solamente cinco horas diarias (menos la noche del jueves al viernes, que pasaría en blanco); en prescindir de algunas comidas; y en el uso de las disciplinas (ejercicio totalmente incompatible con el sosiego de una casa de huéspedes, pues ya sabemos cómo solía manejarlas don Josemaría). Por cierto —seguía anotando—, resulta divertidísimo algo que he vivido en Pamplona y en Burgos, y que podía titularse: "a la caza de unas disciplinas". Ignoramos los particulares del caso. Quizás aluda el penitente a la dificultad en hacerse con unas disciplinas adecuadas a su gusto y pretensiones.

Entre unas cosas y otras don Josemaría iba sembrando de abrojos el camino de su vida. La víspera —el 16 de enero, por no ir más lejos—, hizo el propósito firme —se lee en los Apuntes— de no visitar por curiosidad, ¡nunca!, ningún edificio religioso. ¡Pobre catedral de Burgos! (Ciertos adverbios —nunca, jamás...—, respaldados por la firme voluntad del Fundador, son terribles; recuérdese aquel: no mirar ¡nunca!, de 1932).

En Burgos necesitaban un piso donde recibir visitas y acoger a los transeúntes, y mejor si pudieran instalar en él un oratorio. Pero, por más que indagaron, no se encontraba en la capital una vivienda libre. En consecuencia, aquel impresionante San Miguel de Burgos, nombre de la sede en que fechaba la Carta Circular, jamás pasó de ser el reducido cuarto de una pensión o de un hotel.