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9 diciembre 2026

No pierde sus amistades

9 de diciembre de 1928
No pierde sus amistades

Vázquez de Prada

El Fundador del Opus Dei

Haciendo memoria de amigos, don Josemaría se remontó, nada menos, que a sus años de estudiante en Logroño. En efecto, en carta de 9 de diciembre de 1928 Isidoro Zorzano le pide noticias de su vida. Señal de que el sacerdote reanudaba el trato con ese compañero del Instituto de Logroño, que estudió luego en Madrid la carrera de Ingeniería. Vivía ahora en Cádiz y trabajaba en la factoría naval de Matagorda. A esa carta siguió una larga correspondencia, que trajo sorpresas para ambos.

Pronto amplió el campo apostólico tratando con sacerdotes conocidos. Su manifiesto aspecto juvenil no parecía lo más a propósito para predicar en una sociedad en la que no faltaban clérigos exponentes de costumbres y tradiciones multiseculares. Y tampoco podía olvidar su delicada condición de sacerdote extradiocesano en Madrid, que le hacía sentirse como gallina en corral ajeno. Así y todo, no se paró en barras. Uno de los primeros sacerdotes a los que trató de entusiasmar apostólicamente fue don Norberto, el otro capellán del Patronato. Sus intenciones, en un primer momento, fueron de puro orden caritativo. Don Norberto iba, por aquellas fechas, camino de los cincuenta y había padecido una enfermedad nerviosa que le impidió ejercer cargos eclesiásticos. Se repuso, pero luego volvió a recaer. De manera que, hasta su muerte, fue hombre enfermo, aunque por lo general de buen celo apostólico y vida interior. Las Damas Apostólicas, que le conocían desde 1924, veían crecer la amistad entre los dos capellanes. Sabían lo que significaba verlos juntos en las visitas a enfermos y niños de las escuelas. «Don Josemaría —dice una de ellas— le llevaba para poder ayudarle: para que se sintiera útil y apreciado».