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31 de diciembre de 1959
Celebra por primera vez en Santa María de la Paz
François Gondrand
Historia del Opus Dei y de su Fundador
Gracias a su esfuerzo, en la sede central de la Obra pueden, desde hace poco, alojarse con cierta comodidad los alumnos del Colegio Romano. El 31 de diciembre de 1959, el Padre ha celebrado misa por primera vez en el oratorio de Santa María de la Paz, destinado a ceremonias de cierta importancia. Debajo, se ha abierto una cripta en la que serán enterrados algunos miembros de la Obra. Allí desea reposar un día el Fundador del Opus Dei, sin salir de esta Roma donde ha venido a "enterrarse" en 1946.
Cerca, en otra pequeña cripta, yace su hermana Carmen, que no quiso regresar a España después de llevar a cabo su tarea de arreglo y atención de la casa de Salto di Fondi. El 20 de junio de 1957 había muerto apaciblemente, en su casa del Trastévere. El golpe había sido muy duro para el Padre, que, otra vez, veía partir a uno de los miembros de su familia, a quien, además, la Obra debía tanto.
Cuando le habían comunicado el diagnóstico, se había dirigido filialmente al Señor y le había repetido, como pidiendo un milagro: Si quieres, puedes...
"Tía Carmen" -como la llamaban los miembros de la Obra- había entregado su alma a Dios a las tres y veinticinco de la madrugada y el Padre había repetido de rodillas, al pie de la cama, la oración que, en los hospitales de Madrid, susurraba al oído de los agonizantes: Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios sobre todas las cosas. -Amén. -Amén.
Al concluir la Santa Misa, que había celebrado inmediatamente después, le había invadido una profunda paz: Se acabaron las lágrimas (...); ahora estoy contento, hijos míos, agradecido al Señor, que se la ha llevado al Cielo; con el gozo del Espíritu Santo.
El Padre acababa de adquirir la certeza de que su hermana estaba en el Cielo. Una dedada de miel en medio de su amargura, como solía decir a veces...
Ahora Carmen descansa en la cripta, formando parte de los cimientos de unos edificios que parecen de piedra y son de amor. ¡Encierran tanta oración y tanto sacrificio de los que han colaborado en su construcción...! Entre ellos, los del Secretario General del Opus Dei, don Álvaro del Portillo, quien varias veces, en momentos decisivos para la continuación de las obras, ha logrado milagrosamente pagar las letras que vencían, trabajando sin descanso, a pesar de varias enfermedades que le aquejaban en esa temporada.