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3 diciembre 2026

En su retiro de Segovia

3 de diciembre de 1932
En su retiro de Segovia

Vázquez de Prada

El Fundador del Opus Dei

En el retiro de Segovia dejó asentado que no tenía ante sí más que dos caminos: Camino de Cruz, cumpliendo la Voluntad de Dios en la fundación de la O., que me llevará a la santidad [...] y camino ancho —¡y corto!— de perdición, cumpliendo mi voluntad.

Ahora, enseguida, ¿qué puedo yo hacer por la Obra?, se preguntaba impaciente y decidido a seguir el camino de la Cruz. Fiel a su lema de poner primero los medios sobrenaturales (oración y expiación) antes de lanzarse a la actividad apostólica, hizo unos impresionantes propósitos de expiación de todos sus sentidos, internos y externos. La nueva lista de mortificaciones, que complementa las que se había fijado en Segovia, es del 3 de diciembre de 1932. Son nueve determinaciones, tajantes, concretas, encabezadas por una muy breve: No mirar ¡nunca!

Esta era la respuesta a una consideración que se había hecho el sexto día del retiro. ¿Para qué mirar —se preguntaba—, si mi mundo está dentro de mí? No era desdén, era una íntima renuncia ascética al goce ilimitado de la vista, a la curiosidad por la infinidad de formas placenteras, la diversidad de luces y colores y la gracia de los seres. Esa determinación de no posar jamás la vista en cosa alguna se entiende, en lo que tiene de holocausto, considerando la disposición de su pupila, pronta a descubrir las bellezas del mundo exterior, resbalando sobre ellas como quien acaricia un fino terciopelo: ¡Dios mío! —se lee en una catalina del 14 de noviembre de 1932—: encuentro gracia y belleza en todo lo que veo: guardaré la vista a todas horas por Amor. Los restantes propósitos constituían un amplio y tupido programa de mortificaciones de los sentidos corporales y de las potencias interiores.