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27 diciembre 2026

Llegan a Roma las primeras mujeres de la Obra

27 de diciembre de 1946
Llegan a Roma las primeras mujeres de la Obra

Pilar Urbano

El hombre de Villa Tevere

El 27 de diciembre, el Padre y don Álvaro acuden al aeropuerto militar de Ciampino para esperar a cinco mujeres de la Obra que llegan de España. Son Encarnita Ortega, Dorita Calvo, Julia Bustillo, Rosalía López y Dora del Hoyo: dos numerarias y tres numerarias auxiliares. Con ellas allí, el ático de Città Leonina empezará a tener, de veras, el aire de un hogar de familia grato y acogedor. Aunque la primera evidencia es que, acoger, acoger... no puede ni acogerlas a todas ellas, por sus reducidas dimensiones y por la absoluta separación que en el Opus Dei se vive entre las mujeres y los hombres. Algunas de ellas se alojarán, por un tiempo, en casa de una aristócrata; después, en una Residencia.

Pronto comenzarán a buscar la que ha de ser sede central definitiva del Opus Dei. Montini y Tardini han sugerido al Padre que se instale cerca de la Santa Sede: que ponga casa "y casa amplia" en Roma. El Padre hunde las manos en su bolsillo y allí tan sólo palpa un pañuelo, una pequeña agenda y un rosario... No tienen dinero, más que para el "ir tirando" de cada día. Y cuando llegan invitados, ya se sabe que la generosidad anfitriona pasará después una inexorable factura: o no habrá para cenar, o no habrá para desayunar... A veces, no hay ni leña ni gas. Y Julia y Dora se las ven y se las desean para guisar animando con el soplillo el carbón crepitante de un brasero.

No tienen dinero. Pero ¿acaso lo han tenido "de sobra" alguna vez? Saben lo que es comer croquetas de harina con nada, o darle la vuelta a un traje viejo para aprovechar la cara menos gastada del tejido, o economizar en luces y en calefacción, o guardar hasta el último clavo, o fabricar en casa los spaghetti porque así salen más baratos... Pero nunca han podido permitirse el lujo de "guardar ahorros". La empresa en que andan metidos está viva, crece, se desarrolla, se expande por diversos países... Tira de ellos y cada vez les pide más y más y más. Sin embargo, de un modo o de otro, en el momento crucial nunca les ha faltado lo preciso. Josemaría lo ha experimentado portentosamente tantas veces que, con la seguridad de quien narra algo muy vivido, podrá escribir "Dios mío: siempre acudes a las necesidades verdaderas".

Cardenales, obispos, prelados y sacerdotes les visitan con gran frecuencia en Città Leonina. Dos asiduos son los canonistas Arcadio Larraona y Siervo Goyeneche. Pasan con Escrivá y Del Portillo largas jornadas, intercambiando criterios jurídicos y trabajando en los borradores de la Provida. Estas visitas intranquilizan a las numerarias, que son las que han de hacer malabarismos en la exigua despensa. El lema del Padre Goyeneche es que "de café, ni menos de tres tazas, ni más de treinta y tres"; pero este hombre, erudito y cordial, es una auténtica máquina aspiradora de cafés... Y ello, en una Roma depauperada por la guerra donde, no ya el café, sino los huevos o el agua de colonia son artículos de privilegio.

El consejo de Montini y de Tardini está muy bien fundamentado: Conviene instalarse cerca de la Santa Sede por varias razones: Hay que roturar el camino jurídico. La Obra debe romanizarse, que no es "vaticanizarse", sino impulsar desde Roma su genuina entraña de universalidad. El Padre quiere que el Papa sienta la cercanía de su amor de buen hijo y pueda contar con la Obra como un instrumento de apostolado laical "que sólo desea servir a la Iglesia, sin servirse de Ella". Y, en fin, aún hay un último pero no desdeñable motivo: Alejarse de España, donde tan inclementes son, esos tiempos, los zarpazos de la incompresión y de la hostigación.