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21 de diciembre de 1971
La “Iglesia de los pobres”
Pilar Urbano
El hombre de Villa Tevere
Una tarde de diciembre de 1971, el Padre charla en la Villa Vecchia con un par de hijos suyos recién llegados de España, Pablo Bofill y Rafael Caamaño. De pronto, sale a relucir el tema que algunos llaman "opción por los pobres". Vieja cuestión que, ya en los años treinta, provocaba en el joven sacerdote Josemaría Escrivá comentarios en apariencia jocosos, pero llenos de sentido común y de sentido sobrenatural, como aquel de que "también tienen alma... los que no tienen piojos". Ahora, en conversación a media voz, comenta:
- ¿Iglesia de los pobres?... No hay Iglesia de los pobres, ni Iglesia de los ricos. ¡Todas las almas son pobres!
Hay, en esas pocas y casi toscas palabras, una carga de verdad teológica que sobrecoge.
Después, muy despacio, muy despacio, como si explorase en el abismo blanco del misterio, don Josemaría concluye lo que estaba diciendo:
- Todas las almas son pobres... Pero la Iglesia es rica. Sí. Y su riqueza son los sacramentos. Y su riqueza es la doctrina. Y su riqueza son todos los méritos de Cristo...
Escrivá no añade nada más. Se levanta, ágil, rápido, garboso, como repentinamente animado por un impulso interior que le ilumina todo el rostro. Pablo y Rafael le miran, sorprendidos. Hace un momento, el Padre les parecía un hombre muy mayor, muy apesadumbrado, muy molido por los sufrimientos... Ahora, ut gigas... exultavit ad currendam viam, se ha alzado exultante, como un gigante, para recorrer el camino con prisa.