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2 de diciembre de 1972
Recuerdos del Paso de los Pirineos
Ana Sastre
Tiempo de caminar
Nada más concluir la caminata de los Pirineos para cruzar la frontera francesa, hubieron de parar en Les Escaldes de Andorra. Allí entran un momento en el Bar Burgos. Junto al mostrador, una mujer sostiene en brazos a un niño de dos años. A pesar del agotamiento, el Padre sabe tener una palabra afectuosa, coge al niño un momento, le dice un piropo y le regala un azucarillo que le han servido con el café. Mucho tiempo después, un miembro del Opus Dei en una numerosa tertulia, celebrada en Castelldaura, llama la atención del Fundador:
-«Quiero contarle una anécdota. El próximo día 2 de diciembre hará treinta y cinco años que usted estuvo en Andorra con los primeros, en Les Escaldes y concretamente en el Bar Burgos, bar que fundaron mi padre y otro señor. La anécdota consiste en que usted dio un azucarillo a mi hermano (...). Mi hermano, es ahora de la Obra».
El Padre se acuerda perfectamente. Y se alegra por ese hijo suyo al que, sin duda, dedicó una oración en aquel día, ya lejano, lleno de cansancio.
Mientras pasea y habla con el Padre durante las breves horas que pasa en Pamplona, Pedro Casciaro comprueba, una vez más, que Dios es el gran tema de la vida del Fundador. Jamás, ni en la zona dominada por los comunistas ni en la que le acoge ahora, se desliza al fácil comentario partidista sobre la contienda política. Siempre, el dique de su respeto por las personas. Este soldado es testigo de excepción para esa calidad humana y sobrenatural, puesto que en su familia existe el más abigarrado espectro político: radicales socialistas, republicanos moderados, monárquicos, voluntarios en las Brigadas Internacionales y hasta un pariente preso con José Antonio Primo de Rivera en la cárcel de Alicante. Don Josemaría Escrivá de Balaguer reza por la paz y la libertad, por la Iglesia y el retorno de los hombres a Dios. Y, para ello, actúa según la norma entera de su vida: reza, trabaja, calla.
Con razón podrá responder a un periodista, muchos años más tarde, al interrogarle acerca de un pretendido «integrismo» por parte del Opus Dei:
«El Opus Dei no está ni a la derecha ni a la izquierda, ni al centro. Yo, como sacerdote, procuro estar con Cristo, que sobre la Cruz abrió los dos brazos y no sólo uno de ellos:
tomo con libertad, de cada grupo, aquello que me convence, y que me hace tener el corazón y los brazos acogedores, para toda la humanidad; y cada uno de los miembros es libérrimo para escoger la opción que quiera, dentro de los términos de la fe cristiana.
En cuanto a la libertad religiosa, el Opus Dei, desde que se fundó, no ha hecho nunca discriminaciones: trabaja y convive con todos, porque ve en cada persona un alma a la que hay que respetar y amar. No son sólo palabras; nuestra Obra es la primera organización católica que, con la autorización de la Santa Sede, admite como Cooperadores a los no católicos, cristianos o no. He defendido siempre la libertad de las conciencias. No comprendo la violencia: no me parece apta ni para convencer ni para vencer; el error se supera con la oración, con la gracia de Dios, con el estudio; nunca con la fuerza, siempre con la caridad».