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15 de diciembre de 1929
El sacar la Obra adelante era una grave tarea
Vázquez de Prada
El Fundador del Opus Dei
A la retribución por su cargo de capellán, insuficiente para satisfacer las necesidades de la familia, se sumaban los ingresos procedentes de la Academia Cicuéndez y los obtenidos con algunas clases particulares. En su conjunto, todo ello no sacaba a los Escrivá de la penuria, que venían arrastrando con hidalguía desde los años de Logroño. El sostenimiento del hogar, siempre problemático, incitó su imaginación, con el fin de remediar a los suyos. Más de un proyecto profesional le había pasado por la cabeza, en vuelo pasajero que pronto se desvanecía, absorbido por la exigente e ineludible misión de gestar la Obra.
Ante la presión divina y las inestables circunstancias familiares, la cuerda se rompía por lo más delgado, que eran los estudios de Derecho. En aquellas circunstancias, don Josemaría hizo lo que pudo, que, si no fue mucho, tampoco era culpa suya. El 15 de diciembre de 1929 elevó una instancia al Decano de Derecho para matricularse de "Historia de la literatura jurídica" y "Política social" en la convocatoria de enero de 1930. Como siempre, sus deseos marchaban por delante de sus posibilidades. Solamente pudo presentarse a examen de "Historia de la literatura jurídica", y obtuvo un notable. En cuanto a la tesis doctoral, que constituía el trabajo de fondo del Doctorado, enseguida se ocupó de buscar tema apropiado de investigación, con el consejo de su antiguo profesor, Pou de Foxá.
No tengo dinero —escribe en sus Apuntes—. Como he de trabajar —a veces excesivamente— para sostener mi casa, no me queda ni tiempo, ni humor para los trabajos inmediatos de esos doctorados.
En esta frase tan breve, tan suavemente dicha, se concentran las cargas materiales que pesaban sobre don Josemaría, que, desprovisto de medios económicos, tenía que mantener a su familia con horas extra de trabajo en la Academia, sin olvidar sus interminables obligaciones como capellán. ¿Cómo dedicarse a la investigación y estudios de doctorado si no hemos mencionado aún su más gozosa y pesada carga?
El sacar la Obra adelante era una grave tarea. Por muchas horas que le dedicase don Josemaría, siempre serían pocas, pues estaba claro que la fundación requeriría mucha oración, mucho sacrificio y mucho apostolado. Don Josemaría trataba por todos los medios de ensanchar el campo de su apostolado. Pedía a las Damas, y a las señoras que cooperaban en el Patronato, nombres y direcciones de jóvenes parientes o conocidos. Les solicitaba, insistentemente, que rezasen por sus intenciones espirituales. De manera que en sus idas y venidas, en su febril actividad apostólica, el capellán estaba proclamando, si no a voces con hechos, la novedad de la Obra. Y siempre le quedó la duda de si las Damas, en medio del trajín del capellán, sospecharían la existencia de un propósito desconocido.
Pero, ¿no os dabais cuenta —les preguntaba muchos años más tarde don Josemaría—, cuando yo estaba en el Patronato, cuando iba con aquellos muchachos jóvenes, de que algo había...?
Con ingenuidad, y desorientada en el laberinto de los tiempos, confiesa Josefina Santos:
«No me había dado cuenta de nada».