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12 de diciembre de 1935
Si el grano de trigo no muere queda infecundo
Pedro Rodríguez
Camino, edición crítica
199* Si el grano de trigo no muere queda infecundo. -¿No quieres ser grano de trigo, morir por la mortificación, y dar espigas bien granadas? -¡Que Jesús bendiga tu trigal!
Pasa con este punto algo parecido a lo del anterior. La octavilla se escribe muy probablemente a partir de un guion perteneciente a la predicación en Vitoria-Vergara:
«Que seamos granos de trigo, que den espigas fecundas... Y que Jesús bendiga el trigal, como yo os bendigo in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti».
Es doctrina tan antigua como el Evangelio mismo y es ese mensaje del Evangelio el que aquí entrega el Autor. Pero todo está teñido de la experiencia de sufrimiento y de gracia que la situación de la guerra está ofreciendo al Beato Josemaría. Véase en este sentido este pasaje de la predicación de Honduras. Primero, el gozo de la palabra evangélica:
«¡Con qué gusto contemplo cómo el grano de trigo se pudre en el surco, se corrompe y muere! (Cfr Ioh 12, 24). Porque muere para traer nueva vida: primero en una brizna verde de hierba, y después en una dorada y esbelta espiga, que es la plenitud en que cuaja la fuerza que latía en la simiente».
Después, la palabra del Evangelio configurando la situación presente:
«Señor: acepto con gusto mi pequeñez, mi oscuridad, mi muerte aparente; no dudo de que todo esto no ha de ser inútil y que algún día fructificará en espigas maduras y llenas de grano».
La temática de este p/199 hay que ponerla en relación con la del p/834. Vid com. Ambos fueron escritos en Burgos meditando el pasaje de San Juan abajo citado.
Pero detrás de todo -de la predicación de Honduras, del guion de Vergara, del punto de C- estaba sin duda este lance espiritual que apuntó en su Cuaderno de 1935:
«Jueves, 12 de diciembre de 1935: Le decía yo al Señor, hace unos días, en la Santa Misa: 'Dime algo, Jesús, dime algo'. Y, como respuesta vi con claridad un sueño que había tenido la noche anterior, en el que Jesús era grano, enterrado y podrido -aparentemente-, para ser después espiga cuajada y fecunda. Y comprendí que ése, y no otro, es mi camino. ¡Buena respuesta!
Efectivamente, desde octubre, aunque creo que nada he dicho, no me falta Cruz..., cruces de todos los tamaños; aunque a mí, de ordinario, me pesan poco: las lleva El».