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12 diciembre 2026

Si el grano de trigo no muere queda infecundo

12 de diciembre de 1935
Si el grano de trigo no muere queda infecundo

Pedro Rodríguez

Camino, edición crítica

199* Si el grano de trigo no muere queda infecundo. -¿No quieres ser grano de trigo, morir por la mortificación, y dar espigas bien granadas? -¡Que Jesús bendiga tu trigal!

Pasa con este punto algo parecido a lo del anterior. La octavilla se escribe muy probablemente a partir de un guion perteneciente a la predicación en Vitoria-Vergara:

«Que seamos granos de trigo, que den espigas fecundas... Y que Jesús bendiga el trigal, como yo os bendigo in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti».

Es doctrina tan antigua como el Evangelio mismo y es ese mensaje del Evangelio el que aquí entrega el Autor. Pero todo está teñido de la experiencia de sufrimiento y de gracia que la situación de la guerra está ofreciendo al Beato Josemaría. Véase en este sentido este pasaje de la predicación de Honduras. Primero, el gozo de la palabra evangélica:

«¡Con qué gusto contemplo cómo el grano de trigo se pudre en el surco, se corrompe y muere! (Cfr Ioh 12, 24). Porque muere para traer nueva vida: primero en una brizna verde de hierba, y después en una dorada y esbelta espiga, que es la plenitud en que cuaja la fuerza que latía en la simiente».

Después, la palabra del Evangelio configurando la situación presente:
«Señor: acepto con gusto mi pequeñez, mi oscuridad, mi muerte aparente; no dudo de que todo esto no ha de ser inútil y que algún día fructificará en espigas maduras y llenas de grano».

La temática de este p/199 hay que ponerla en relación con la del p/834. Vid com. Ambos fueron escritos en Burgos meditando el pasaje de San Juan abajo citado.

Pero detrás de todo -de la predicación de Honduras, del guion de Vergara, del punto de C- estaba sin duda este lance espiritual que apuntó en su Cuaderno de 1935:

«Jueves, 12 de diciembre de 1935: Le decía yo al Señor, hace unos días, en la Santa Misa: 'Dime algo, Jesús, dime algo'. Y, como respuesta vi con claridad un sueño que había tenido la noche anterior, en el que Jesús era grano, enterrado y podrido -aparentemente-, para ser después espiga cuajada y fecunda. Y comprendí que ése, y no otro, es mi camino. ¡Buena respuesta!

Efectivamente, desde octubre, aunque creo que nada he dicho, no me falta Cruz..., cruces de todos los tamaños; aunque a mí, de ordinario, me pesan poco: las lleva El».