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1 de diciembre de 1937
Paso de los Pirineos
Ana Sastre
Tiempo de caminar
El día se emplea en descansar en el Cortal de Baridá, a unos 1.200 metros de altura. También la noche del 30 será dura, con descensos por una barrancada en dirección al Segre hasta cruzar el río Pallerols. Después de atravesar la carretera de Seo de Urgel a Sort seguirán la marcha junto al río Arabell. Durante dos horas entrarán y saldrán del río, en inmersión constante. El frío es atroz. Absolutamente empapados, temen todos por el Padre, que, sin embargo, aguanta la nueva situación de prueba. Este día apenas podrán descansar escondidos entre piedras y matorrales. Por la tarde, el tiempo se pone gris y frío. Caen copos de nieve. Cuando la luz decrece, empieza la última jornada. Es miércoles, 1 de diciembre. Suben la sierra de Burbre y bajan la ladera opuesta, tropezando con piedras rodadas hasta llegar al barranco de Civis. Una pequeña luz brilla en una hondonada, a poca distancia. Es un control de carabineros que ha encendido hogueras para resguardarse del frío a unos metros de distancia de la casa. Hay perros que acompañan a los soldados y ladran insistentemente.
Casi arrastrándose, los fugitivos pasan cerca. Avanzan lentamente, en silencio total. Se cruza, al final, la zona batida por la guardia y, tras una subida corta y casi impracticable, pasan el arroyo de Argolell y llegan a Mas d'Alins. Es la primera casa de Andorra. El guía se detiene y anuncia que han cruzado la frontera. Por increíble que parezca, aquella pesadilla ha terminado. Se quedarán el resto de la noche alrededor de una hoguera de troncos y, al amanecer del día 2 de diciembre de 1937, llegarán a Sant Juliá de Loira. Parados en medio del camino, maltrechos pero alegres, los refugiados rezan la Salve para agradecer a la Madre de Dios este nuevo día sin miedos ni peligros. Ha empezado a nevar intensamente.