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Mateo 2,13-18
Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo." José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: "Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto." Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: "Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven".
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Benedicto XVI, papa
Ángelus (14-01-2007):
En el drama de la Familia de Nazaret vislumbramos la dolorosa condición de numerosos emigrantes, especialmente de los refugiados, los exiliados, los desplazados, los prófugos y los perseguidos. En particular, reconocemos las dificultades de la familia emigrante como tal: las molestias, las humillaciones, las estrecheces, las fragilidades.
En realidad, el fenómeno de la movilidad humana es muy amplio y variado. Según datos recientes de las Naciones Unidas, los emigrantes por razones económicas son hoy casi doscientos millones; los refugiados, cerca de nueve millones; y los estudiantes internacionales, alrededor de dos millones. A este gran número de hermanos y hermanas debemos añadir los desplazados internos y los irregulares, teniendo en cuenta que de cada uno depende, de alguna manera, una familia.
Por tanto, es importante tutelar a los emigrantes y a sus familias mediante el apoyo de protecciones específicas en el ámbito legislativo, jurídico y administrativo, y también a través de una red de servicios, de centros de escucha y de organismos de asistencia social y pastoral. Espero que se llegue pronto a una gestión equilibrada de los flujos migratorios y de la movilidad humana en general, para que redunden en beneficio de toda la familia humana, comenzando por medidas concretas que favorezcan la emigración regular y las reagrupaciones familiares, prestando una atención particular a las mujeres y a los niños.
En efecto, también en el vasto campo de las migraciones internacionales es preciso poner siempre en el centro a la persona humana. Solamente el respeto de la dignidad humana de todos los emigrantes, por una parte, y el reconocimiento de los valores de la sociedad por parte de los emigrantes mismos, por otra, hacen posible la integración correcta de las familias en los sistemas sociales, económicos y políticos de los países de acogida.
Queridos amigos, la realidad de las migraciones no se ha de ver nunca sólo como un problema, sino también y sobre todo como un gran recurso para el camino de la humanidad. Y de modo especial la familia emigrante es un recurso, con tal de que se la respete como tal y no sufra daños irreparables, sino que pueda permanecer unida o reagruparse, para cumplir su misión de cuna de la vida y primer ámbito de acogida y de educación de la persona humana. Pidámoslo juntos al Señor, por intercesión de la bienaventurada Virgen María y de santa Francisca Javier Cabrini, patrona de los emigrantes.