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Hablar con Dios
Francisco Fernández de Carvajal
Necesidad de oración y de sacrificio para que la gracia dé fruto en el alma
II. Parte de la semilla cayó sobre pedregal, y una vez nacida se secó por falta de humedad. Éstos son los que reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíces; creen durante algún tiempo, pero a la hora de la tentación se vuelven atrás. A la hora de la prueba sucumben porque han basado su seguimiento a Cristo en el sentimiento y no en una vida de oración, capaz de resistir los momentos difíciles, las pruebas de la vida y las épocas de aridez. «A muchos les agrada lo que escuchan y se proponen obrar bien; pero en cuanto comienzan a ser incomodados por las adversidades abandonan las buenas obras que habían comenzado» . ¡Cuántos buenos propósitos han naufragado cuando el camino de la vida interior ha dejado de ser llano y placentero! Estas almas buscaban más su contento y la satisfacción propia que a Dios mismo. «Unos por unas razones y otros por otras se quejaba San Agustín , el hecho es que apenas se busca a Jesús por Jesús» . Buscar a Jesús, por Él mismo, con aridez cuando llegue; querer subir a la cumbre no sólo cuando el camino es llano y sombreado, sino cuando se convierte en un sendero apenas visible en medio de las rocas, sin más amparo que el deseo firme de subir hasta la cima donde está Cristo: buscar «a Jesús por Jesús». Sólo lo conseguiremos con la fidelidad a la oración diaria, cuando resulta fácil y cuando cuesta.
Otra parte de la semilla cayó en medio de las espinas, y habiendo crecido con ella las espinas la sofocaron. Éstos son los que, habiendo oído y arraigado en el alma la palabra de Dios, no llegaron a dar fruto a causa de las preocupaciones, riquezas y placeres de la vida. Es imposible seguir a Cristo sin una vida mortificada, pues poco a poco se pierde el atractivo por las cosas de Dios y, paralelamente, se inicia el camino fácil de las compensaciones, del apegamiento desordenado al dinero, a la comodidad..., y se acaba deslumbrado por el aparente valor de las cosas terrenas. «No te asombres de que a los placeres llamara espinas (...) comenta San Basilio . Así como las espinas, por cualquier parte que se las coja, ensangrientan las manos, así también los placeres dañan a los pies, a las manos, a la cabeza, a los ojos... Cuando se pone el corazón en las cosas temporales sobreviene la vejez prematura, se embotan los sentidos, se entenebrece la razón…».
La oración y la mortificación preparan al alma para recibir la buena semilla y dar fruto. Sin ellas, se hace imposible seguir a Cristo, y la vida queda infecunda. «El sistema, el método, el procedimiento, la única manera de que tengamos vida abundante y fecunda en frutos sobrenaturales es seguir el consejo del Espíritu Santo, que nos llega a través de los Hechos de los Apóstoles: "omnes erant perseverantes unanimiter in oratione" todos perseveraban unánimemente en la oración.
» Sin oración, ¡nada!» . No existe un camino hacia Dios que no pase por la oración y el sacrificio.