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13 septiembre 2027

LA FE DE UN CENTURION

Hablar con Dios
Francisco Fernández de Carvajal

El crecimiento de la fe

II. Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. ¡Qué elogio tan grande! ¡Con qué alegría pronunciaría el Señor estas palabras! Meditemos hoy cómo es nuestra fe y pidamos a Jesús que nos otorgue la gracia de crecer en ella, día a día.

San Agustín enseñaba que tener fe es: «Credere Deo, credere Deum, credere in Deum», en una fórmula clásica entre los teólogos. Es decir: creer a Dios que sale a nuestro encuentro y se da a conocer; creer todo lo que Dios dice y revela, las verdades que comunica en ese encuentro personal; y, por último, creer en Dios, amándole, confiar sin medida en Él. Progresar en la fe es crecer en estas facetas: Creer a Dios lleva consigo la seria preocupación por mejorar la formación doctrinal, por crecer en el conocimiento de Dios. Hoy podemos examinar cómo es nuestro afán por conocer mejor a Dios y todo lo que Él nos ha revelado; quizá podríamos preguntarnos por el interés en la lectura espiritual que, a lo largo de los años, nos deja unos fundamentos firmes de la verdad revelada, y por la constancia en los medios de formación (círculos, charlas, retiros...), que quizá tenemos la inmensa suerte de encontrar a nuestro alcance. El afán por conocer mejor a Dios se concretará además en la fidelidad a la verdad revelada por Dios, proclamada por la Iglesia, protegida y predicada por su Magisterio.

Creer a Dios lleva consigo crecer en nuestra relación personal con Él, tratarle diariamente en la oración, en este diálogo amoroso, como a nuestro Creador y Redentor, que viene diariamente a nuestro encuentro en la Sagrada Eucaristía, en la oración personal, y en tantas ocasiones en medio del trabajo, en las dificultades y en las alegrías… Creer a Dios nos lleva a verle muy cerca de nuestro vivir diario.

El tercer aspecto de la fe -creer en Dios- es la coronación y el gozo de los otros dos: es el amor que lleva consigo toda fe verdadera. «Señor, creo en Ti y te amo, hablo contigo, pero no como un extraño, porque al tratarte, te voy conociendo y es imposible que conozca y no te ame; pero si te amo, veo claro que he de luchar por vivir, día tras día, con arreglo a tu palabra, a tu voluntad, a tu verdad".