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10 octubre 2027

LA MIRADA DE JESUS

Hablar con Dios
Francisco Fernández de Carvajal

El encuentro con el joven rico

II. En el Evangelio de la Misa, San Marcos nos relata la ocasión perdida de uno que prefirió unos cuantos bienes a Cristo mismo, que le invitó a seguirle. Cuando salía Jesús con sus discípulos para ponerse en camino, a punto ya de partir para Jerusalén, llegó un joven corriendo, y se puso de rodillas ante Él y le preguntó: Maestro bueno, ¿qué he de hacer para conseguir la vida eterna? Y el Señor le indica los Mandamientos como camino seguro y necesario para alcanzar la salvación. El joven, con gran sencillez, le respondió que los cumplía desde su niñez. Entonces, Jesús, que conocía la limpieza de su corazón y el fondo de generosidad y de entrega que existe en cada hombre, en cada mujer, fijando en él su mirada, le amó con un amor de predilección y le invitó a seguirle, dejando a un lado todo lo que poseía.

San Marcos, que recoge la catequesis de San Pedro, oiría de labios de este Apóstol el relato con todos sus detalles. ¡Cómo recordaría Pedro esa mirada de Jesús que también, en el comienzo de su vocación, se posó sobre él y cambió el rumbo de su vida! Mirándolo Jesús le dijo: Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas. Y la vida de Pedro ya fue otra. ¡Cómo nos gustaría contemplar esa mirada de Jesús! Unas veces es imperiosa y entrañable; o de pena y de tristeza, al ver la incredulidad de los fariseos; de compasión ante el hijo muerto de la viuda de Naín; en otras ocasiones, con su mirada invitará a dejarlo todo y a seguirle, como en el caso de Mateo; sabrá conmover el corazón de Zaqueo, llevándolo a la conversión; se enternecerá ante la fe y la grandeza de alma de la viuda pobre que dio todo lo que tenía. Su mirada penetrante ponía al descubierto el alma frente a Dios, y suscitaba al mismo tiempo la contrición. Así miró Jesús a la mujer adúltera, y al mismo Pedro, llevándole a llorar amargamente su cobardía.

Jesús miró con un gran aprecio a este joven que se le acercaba: Iesus autem intuitus eum dilexit eum. Y le invitó: «Sígueme. Camina sobre mis pasos. ¡Ven a mi lado! ¡Permanece en mi amor!» . Es la invitación que quizá nosotros hemos recibido... ¡y le hemos seguido! «Al hombre le es necesaria esta mirada amorosa; le es necesario saberse amado, saberse amado eternamente y haber sido elegido desde la eternidad (cfr. Ef 1, 4). Al mismo tiempo, este amor eterno de elección divina acompaña al hombre durante su vida como la mirada de amor de Cristo. Y acaso con mayor fuerza en el momento de la prueba, de la humillación, de la persecución, de la derrota (…); entonces la conciencia de que el Padre nos ha amado siempre en su Hijo, de que Cristo ama a cada uno y siempre, se convierte en un sólido punto de apoyo para toda nuestra existencia humana. Cuando todo hace dudar de sí mismo y del sentido de la propia existencia, entonces esta mirada de Cristo, esto es, la conciencia del amor que en Él se ha mostrado más fuerte que todo mal y que toda destrucción, dicha conciencia nos permite sobrevivir».

Cada uno recibe una llamada particular del Maestro, y en la respuesta a esta invitación se contienen toda la paz y la felicidad verdaderas. La auténtica sabiduría consiste en decir sí a cada una de las invitaciones que Cristo, Sabiduría infinita, nos hace a lo largo de la vida, pues Él sigue recorriendo nuestras calles y plazas. Cristo vive y llama. «Un día no quiero generalizar, abre tu corazón al Señor y cuéntale tu historia , quizá un amigo, un cristiano corriente igual a ti, te descubrió un panorama profundo y nuevo, siendo al mismo tiempo viejo como el Evangelio. Te sugirió la posibilidad de empeñarte seriamente en seguir a Cristo, en ser apóstol de apóstoles. Tal vez perdiste entonces la tranquilidad y no la recuperaste, convertida en paz, hasta que libremente, porque te dio la gana que es la razón más sobrenatural , respondiste que sí a Dios. Y vino la alegría, recia, constante, que sólo desaparece cuando te apartas de Él». Es la alegría de la entrega, ¡tan opuesta a la tristeza que anegó el alma del joven rico, que no quiso corresponder a la llamada del Maestro!