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26 agosto 2027

CARIDAD VIGILANTE

Hablar con Dios
Francisco Fernández de Carvajal

La caridad de los primeros cristianos: el día de guardia

II. Los primeros cristianos, que supieron cumplir bien el Mandamiento nuevo del Señor (Cfr. Jn 13, 34), hasta tal punto que los paganos los distinguían por el amor que se tenían y por el respeto con que trataban a todos, vivieron la caridad preocupándose por las necesidades de los demás y, en tiempos difíciles, ayudando a los hermanos para que todos fueran fieles a la fe. Existía entre ellos la costumbre -Tertuliano la llama statio, término castrense que significa estar de guardia (Cfr. A. G. HAMMAN, La vida cotidiana de los primeros cristianos, p. 200)- de ayunar y hacer penitencia dos días a la semana, con el ánimo de prepararse para recibir con el alma más limpia la Sagrada Eucaristía y para pedir por aquellos que estaban en algún peligro o necesidad mayor. Sabemos, por ejemplo, que San Fructuoso sufrió martirio en un día en que ayunaba porque era su statio, su guardia (Cfr. Martirio de San Fructuoso, en Actas de los mártires, BAC, Madrid 1962, p. 784). Otros documentos de los primeros siglos nos hablan de esta costumbre.

El Señor espera que vivamos la caridad de modo particular con quienes tienen los mismos lazos de la fe: «"Ved cómo se aman, dicen, dispuestos a morir los unos por los otros" (...). En cuanto al nombre de hermanos con que nosotros nos llamamos, ellos se forman una idea falsa (...). Por derecho de la naturaleza, nuestra madre común, también nosotros somos vuestros hermanos..., pero, ¡con cuánta mayor razón son considerados y llamados hermanos los que reconocen a Dios como a único Padre, los que beben del mismo Espíritu de santidad, y los que, salidos del mismo seno de la ignorancia, han quedado maravillados ante la misma luz de la verdad!» (TERTULIANO, Apologético, 39).

Si nos han de doler las necesidades de todos los hombres, ¡cómo no vamos a vivir una caridad vigilante con quienes tienen los mismos ideales! También puede ayudarnos a nosotros, como a aquellos primeros cristianos, el fijarnos un día semanal en el que procuremos estar más pendientes de nuestros hermanos en la fe, ayudándoles con una oración mayor, con más mortificación, con más muestras de aprecio, con la corrección fraterna. Es estar especialmente vigilantes en la caridad por aquellos con quienes tenemos un deber más grande de estarlo, como el centinela que guarda el campamento, como el vigía que alerta ante la llegada del enemigo.

«"Custos, quid de nocte!" -¡Centinela, alerta! »Ojalá tú también te acostumbraras a tener, durante la semana, tu día de guardia: para entregarte más, para vivir con más amorosa vigilancia cada detalle, para hacer un poco más de oración y de mortificación.

»Mira que la Iglesia Santa es como un gran ejército en orden de batalla. Y tú, dentro de ese ejército, defiendes un "frente", donde hay ataques y luchas y contraataques. ¿Comprendes?
»Esa disposición, al acercarte más a Dios, te empujará a convertir tus jornadas, una tras otra, en días de guardia» (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Surco, n. 960).